ACERCA DE
ACERCA DE NOSOTROS
Luann crepas nace en 2012, con la misión de compartir con nuestros clientes, el delicioso sabor de la comida y postres franceses como una nueva opción a tu paladar.
MISIÓN
Dar el sabor que mereces con la mejor calidad y los mejores productos.
VISIÓN
Mantenernos colocados dentro del gusto de nuestros clientes y amigos, mejorando día a día
VALORES
Limpieza, calidad, cortesía y el mejor servicio

QUE ES UNA CREPA?
Las crepas son originarias de la región de Bretaña, al oeste de Francia, en donde se llaman "krampouezh"; actualmente es un plato consumido a diario en todo el país, especialmente en el "Chandeleur" o Fiesta de la Candelaria, como parte de la tradición local (habitualmente se sirven acompañados de sidra). En esta región francesa se distinguen dos platos parecidos: las crepas elaboradas con trigo candeal y generalmente reservadas a los dulces y las galettes elaboradas con trigo sarraceno o alforfón, en general reservadas a rellenos salados. Este tipo de trigo oscuro fue traído a Europa de China y a su paso por Europa Oriental dio origen a una comida similar, los blinis.
En Europa Central, se llama "palačinka" (República Checa, Serbia, Croacia), palatschinken (Austria), palachinca (Bulgaria) o palacsinta (Hungría), términos todos derivados del latín placenta. Según los estudios realizados, el origen de este plato se halla en la época del Imperio Romano, y las naciones que surgieron en sus antiguas provincias eventualmente continuaron preparándolo a través de los siglos. En la mayoría de las regiones alemanas es pfannkuchen y en neerlandés pannenkoeken (que proviene de unir las palabras ‘sartén’ y ‘torta’).
la Crepa como hoy la conocemos. Su aparición se debió a la llegada del trigo sarraceno a las tierras francesas, que los cruzados trajeron de Asia. Fue con la harina de este trigo que se fabricaron las primeras Crepas. No fue sino hasta comienzos del siglo XX que el trigo sarraceno fue reemplazado por harina blanca de trigo, pero en Francia se siguen preparando Crepas –especialmente aquellas que llevan relleno salado- con la harina del trigo sarraceno o “trigo negro”.
En su Bretagne natal, las Crepas se cocinan en planchas llamadas ‘jalet’, de donde vine el nombre de galette, con el que se designa a las Crepas saladas. Estas fueron las únicas que en un principio se elaboraron y no fue en Bretagne sino en París donde se comenzó a hacer Crepas dulces, ya que requerían de ingredientes más caros que era más fácil conseguir en la capital.
Pero el dominio de la técnica de las Crepas que ya tenían los bretones volvió a tomar muy pronto la delantera, especialmente porque el comercio marítimo de la zona les permitió traer nuevos ingredientes de lugares lejanos, como ron, azahares, vainilla o canela, que se integraron pronto para aromatizar las Crepas dulces.
Las Crepas son un alimento muy versátil, ya que pueden consumirse solas, aunque generalmente llevan un relleno. Ya sea simplemente rellena o además horneada, doblada en media luna, en cuatro, en paquetito e incluso extendida, la Crepa nos ofrece un sinfín de posibilidades culinarias. Puede, además, ser ingrediente de algunas recetas, como en el caso del Pastel de Crepas o de la Ficelle Picarda, un entremés muy típico de la región de Picardía.
En Bretagne hay muchísimas creperías que resguardan la tradición y donde se ofrecen Crepas y galettes con todo tipo de guarniciones. La galette más popular es la de queso con jamón, a la que a veces se le añade un huevo; a las Crepas dulces se les suele preparar con azúcar, chocolate y limón.
Uno de los grandes clásicos del mundo de las Crepas son sin duda las Crepas Suzette, inventadas por el chef Auguste Escoffier y llamadas así en honor de una actriz. Se preparan con mantequilla fundida a la que se mezcla azúcar, Grand Marnier, naranja y limón. Pueden ir flameadas, aunque hay una controversia entre los cocineros franceses en torno a si este procedimiento es adecuado para las Crepas.
Las Crepas son una comida accesible, fácil de preparar y que acepta infinidad de variantes. Ya sea azucaradas, cubiertas de mermelada o de crema, flameadas o no, son un postre que hará delirar a todos tus comensales. Saladas, puedes servirlas con jamón, champiñones o algún queso y serán un excelente plato que satisfará el gusto y el apetito del más exigente.


¿QUE ES EL CAFÉ?
El café, esa bebida estimulante y aromática tan difundida por el mundo, encuentra su origen en las tierras de Abisinia (actual Etiopia). Fruto de un arbusto llamado cafeto, su nombre procede de la ciudad etíope de Caffa. Una leyenda atribuye su descubrimiento a un pastor local llamado Kaldi, quien observo el efecto reanimante ejercido en sus cabras tras comer unos frutos rojos de un arbusto. Tras probarlos él mismo se sintió con más vigor y energía. Aunque con toda probabilidad, las tribus africanas lo conocían desde la Antigüedad utilizando los granos molidos para alimentar a los animales, dar fuerzas a sus guerreros, y soportar las largas ceremonias religiosas
Su popularidad llegaría tras la introducción de éste en Arabia, donde Yemen se convertiría en un importante centro de cultivo y distribución por todo el mundo musulmán; y al que por sus efectos dice la leyenda que Mahoma le dio el nombre de qahwa (قهوة), que significa excitante, energético, vigorizador. Precisamente sobre sus alteraciones en el organismo humano hizo que los imanes ortodoxos de La Meca (1511) y El Cairo (1532) se planteasen si las determinadas características se ajustaban a los parámetros del Corán, el cual prohíbe todo tipo de intoxicación. Sus conclusiones llevaron al emir Khair Bey a prohibirlo, pero las revueltas surgidas tras el cierre de las cafeterías hizo que las autoridades derogasen el edicto. Como ejemplo curioso decir que existía una ley turca que permitía el divorcio de una mujer si su marido no le proporcionaba una dosis diaria de café. Por aquella época, el café se había extendido por Persia, Egipto, África Septentrional y Turquía, donde en 1475 abriría sus puertas en Estambul Kiwa Han, la primera cafetería del mundo.
La primera mención que se tuvo en Europa del café aparece en un libro publicado en 1583 por el botánico y médico alemán Léonard Rauwolf, quien acababa de volver de un largo viaje por Oriente Medio.
“Una bebida tan negra como la tinta, útil contra numerosos males, en particular los males de estómago. Sus consumidores lo toman por la mañana, con toda franqueza, en una copa de porcelana que pasa de uno a otro y de la que cada uno toma un vaso lleno. Está formada por agua y el fruto de un arbusto llamado bunnu.“
